Amores: Como enamorar
Relaciones de amor y amistad

Poemas de Amor -> Poemas de amor

A LOS CELOS

¡Oh niebla del estado más sereno,
Furia infernal, serpiente mal nacida!
¡Oh ponzoñosa víbora escondida
De verde prado en oloroso seno!

¡Oh entre el néctar de Amor mortal veneno,
Que en vaso de cristal quitas la vida!
¡Oh espada sobre mí de un pelo asida,
De la amorosa espuela duro freno!

¡Oh celo, del favor verdugo eterno!,
Vuélvete al lugar triste donde estabas,
O al reino (si allá cabes) del espanto;

Mas no cabrás allá, que pues ha tanto
Que comes de ti mesmo y no te acabas,
Mayor debes de ser que el mismo infierno.

Luis de Góngora y Argote

ÁMAME ESTA NOCHE

¡Qué amante
no será dichoso esta noche,
qué amante no tendrá esta noche su dicha,
su amor, su fiel amor contra su pecho!

Ese amante soy yo,
yo soy ese alma desolada entre la felicidad de los otros,
entre los dichosos suspiros y los oscuros abrazos
de los que pasan bajo la luna pisando la música
desgajada y caída sobre la tierra nocturna.

¡Ah! La flor del amor me ha sido negada.
¿Qué hago entonces aquí?
Mas la esperanza existe mientras vive el amor.

Ámame esta noche, amor mío,
ámame y no rompas este corazón que te pertenece
y cuya enfermedad tiene tu mismo nombre
y tu rostro y tu alma
y tu cuerpo y tu gracia y toda tu figura.

Francisco Arias Solís

A M O R

 

El amor es fragante como un ramos de rosas.
Amando se poseen todas las primaveras.
Eros trae en su aljaba las flores olorosas.
De todas las umbrías y todas las praderas.

Cuando viene a mi lecho trae aromas de esteros,
de salvajes corolas y tréboles jugosos,
¡efluvios ardorosos de nidos de jilgueros
ocultos en los gajos de los ceibos frondosos!

¡Toda mi joven carne se impregna de esa esencia!
perfume de floridas y agrestes primaveras
queda en mi piel morena de ardiente transparencia.

Perfumes de retamas, de lirios y glicinas.
Amor llega a mi lecho cruzando largas eras
y unge mi piel de frescas esencias campesinas.

Juana de Ibarbourou

DEL AMOR DE CADA DÍA

Es posible que se haya dicho todo
y que hayamos nacido tal vez tarde,
mas esta gloria que en mis venas arde,
nadie - ¡nadie! – la vive de este modo.

Todo es posible. Todo ha sido en nombre:
todo. Pero este beso tuyo y mío,
esta luz, esta flor, este rocío,
son nuestros nada más, mujer y hombre.

Mujer y hombre únicos, primeros
-tú y yo, yo y tú -, con nombres y apellidos
que no se han de dar más en criatura.

Empezamos la Historia, verdaderos
primer hombre y mujer reconocidos
proclamando el amor y su aventura.

Ramón de Garciasol

DOS CUERPOS

 

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.

Octavio Paz, 1944

ESCRITO ESTÁ EN MI ALMA

 

Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;

cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.

Garcilaso de la Vega (1501?-1536)

ME MIRASTE TÚ

 

Me miraste tú, y la luz
se volvió toda de plata.
Y cantaron los rosales
con sus rosas de olor suave
y sus corolas tan pálidas…

Me miraste tú, y el sol
se convirtió en catarata
de pedrería y de fuego.
Mi garganta se abrasaba…,
y no te supe decir
lo que decirte anhelaba.

Me miraste tú, y el cielo
color de turquesa estaba.
Y sentí la inmensidad
entre las alas del alma,
abriéndose a mi vivir.

¡Luz, rosales, cielo, sol!
Inmensidad en tu mirada.

¡Pedrería, fuego, azul!

Contigo, ¡la Nada es Todo!
Y todo sin ti, no es nada…

"Flor de Lis

MÍA

Mía: así te llamas.
¿Qué más harmonía?
Mía: luz del día;
mía: rosas, llamas.

¡Qué aroma derramas
en el alma mía
si sé que me amas!
¡Oh Mía! ¡Oh Mía!

Tu sexo fundiste
con mi sexo fuerte,
fundiendo dos bronces.

Yo triste, tú triste...
¿No has de ser entonces
mía hasta la muerte?

Rubén Darío, 3 de enero de 1897

MIS OJOS, SIN TUS OJOS, NO SON OJOS

 

 

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,

que son dos hormigueros solitarios,

y son mis manos sin las tuyas varios

intratables espinos a manojos.

No me encuentro los labios sin tus rojos,

que me llenan de dulces campanarios,

sin ti mis pensamientos son calvarios

criando cardos y agostando hinojos.

No sé qué es de mi oreja sin tu acento,

ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,

y mi voz sin tu trato se afemina.

Los olores persigo de tu viento

y la olvidada imagen de tu huella,

que en ti principia, amor, y en mí termina.

Miguel Hernández

 

NO QUIERO QUE TE VAYAS

 

No quiero que te vayas
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.

Pedro Salinas



 

SI MIS MANOS PUDIERAN DESHOJAR

 

 

Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras,
cuando vienen los astros
a beber en la luna
y duermen los ramajes
de las frondas ocultas.
Y yo me siento hueco
de pasión y de música.
Loco reloj que canta
muertas horas antiguas.

Yo pronuncio tu nombre,
en esta noche oscura,
y tu nombre me suena
más lejano que nunca.
Más lejano que todas las estrellas
y más doliente que la mansa lluvia.

¿Te querré como entonces
alguna vez? ¿Qué culpa
tiene mi corazón?
Si la niebla se esfuma,
¿qué otra pasión me espera?
¿Será tranquila y pura?
¡¡Si mis dedos pudieran
deshojar a la luna!!

Federico García Lorca

SONATINA

 

La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor..

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo en cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Rubén Darío (1867-1916)

 

Toda fascinación tiene su límite

Toda fascinación tiene su límite:
la claridad del sol
el terror de las tinieblas
la lucidez del sueño
los fantasmas que acechan la vigilia
los placeres del sexo
el claro laberinto de la ciencia
el olor de las flores
el fervor de las palabras
la pasión del silencio
el furor del verano
las inclemencias del odio o del amor
el vértigo apacible de la música
la expansión de la galaxia
la temible densidad de la materia.

Toda fascinación tiene su límite
por eso cambia de forma la materia
y la forma encarna en seres diferentes,
pero ambas, amor mío, son eternas.
¿Será la eternidad una fascinación sin fin
o la trampa que nos tiende el tiempo
atrapado en un espacio inexorable?

Michele Najlis

UNIDAD EN ELLA

 

Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.

Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima, con esa
indescifrable llamada de tus dientes.

Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.

Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.

Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.

Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.

Vicente Aleixandre



AUSENCIA

¿Quién menoscaba mis bienes?
             ¡Desdenes!
¿Y quién aumenta mis duelos?
             ¡Los celos!
¿Y quién prueba mi paciencia?
             ¡Ausencia!
De este modo en mi dolencia
ningún remedio me alcanza,
Pues me mata la esperanza,
desdenes, celos y ausencia.

¿Quién me causa dolor?
           ¡Amor!
¿Y quién mi gloria repuna?
            ¡Fortuna!
¿Y quién consiente mi duelo?
            ¡El cielo!
De este modo yo recelo
morir deste mal extraño
pues se aúnan en mi daño
amor, fortuna y el cielo.

¿Y quién mejorará mi suerte?
          ¡La muerte!
Y el bien de amor, ¿quién lo alcanza?
          ¡Mudanza!
Y sus males, ¿quién los cura?
          ¡Locura!
Dese modo no es cordura
querer curar la pasión,
cuando los remedios son
muerte, mudanza y locura.

Miguel de Cervantes Saavedra, 1547-1616

 

ETERNIDAD

 

Eternidad, belleza
sola, ¡si yo pudiese,
en tu corazón único, cantarte
igual que tú me cantas en el mío
las tardes claras de alegría en paz!

¡Si en tus éxtasis últimos,
tú me sintieras dentro
embriagándote toda,
como me embriagas todo tú!

¡Si yo fuese, inefable,
como tú en mi instantánea primavera,
olor, frescura, música, revuelo
en la infinita primavera pura
de tu interior totalidad sin fin!

Juan Ramón Jiménez


Poemas de amor